Entrevista y vanidad


Es curioso esto de las entrevistas. Como periodista he hecho muchas, y también he leído un montón. Siempre hay alguien que se queja que lo tergivesaron o que no dijo lo que se publicó.
El hecho es que la técnica implica editar, parafrasear, desordenar, pero nunca inventar.
Lo raro es que en esta entrevista que me hicieron por e-mail, nunca me dijeron que la publicarían (pero no pregunté) y sólo fueron tres preguntas y no el ping pong que veo publicado.
Al final, la mayoría de las respuestas que escribí están. Pero hay algunas aseveraciones que nunca hice y preguntas que nunca me formularon, sino que fueron intercaladas en el texto original. Curiosa práctica.
Siento esa extraña sensación que los entrevistados deben sentir cuando se leen publicados y esas ganas de decir que lo que dice ahí no fue exactamente lo que dije, a pesar que en el fondo está lo que dije.
Me recuerda ese buenísimo libro de Janet Malcolm: “El Periodista y el Asesino”, que todo estudiante de periodismo y periodista debería leer.

Todo periodista que no sea demasiado estúpido o demasiado engreído para no advertir lo que entraña su actividad sabe que lo que hace es moralmente indefendible. El periodista es una especie de hombre de confianza, que explota la vanidad, la ignorancia o la soledad de las personas, que se gana la confianza de éstas para luego traicionarlas sin remordimiento alguno.
Janet Malcolm

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